Como la mayoría de los mortales, en verano me tomo unas pequeñas vacaciones. Es ese lacónico periodo de tiempo que todo trabajador espera durante el año que resta. Tiempo de descanso. El problema es que, si no estoy ocupado, me da por pensar demasiado. En fin.
Sin embargo, en mi caso las vacaciones son en cierta manera contraproducentes. Algunos años acudo a alguna ciudad costera del levante o de la costa del sol donde me achicharro la espalda, me dejo una pasta y discuto más de lo habitual; además de soportar la acumulación de horas de tedio. Y es ahora cuando me surge la interrogación: ¿cuándo volveré a estar en casa?