reflexiones al paso por las calles de Miranda
Para que la dicha sea mayor, lo que ahora nos falta es que se arregle el espacio vacío que ha quedado al retirar la locomotora en el parque Antonio de Cabezón. Esos restos de hormigón y hierros afean el entorno de un parque muy frecuentado (y más en esta época del año)
Hoy he visto, reluciente y rejuvenecida, la vieja máquina de tren que antes estaba en el Parque Antonio de Cabezón.
Qué bien le ha sentado la pintura y el cambio de emplazamiento. No sé si hay intención de protegerla de alguna manera, porque así, accesible, es una tentación para los vándalos y un riesgo para los chavales que se intentan subir.
También es cierto que poderla ver tan cerca es un placer y que sólo una jaula de hierro podría protegerla de los "artistas" del spray, así que tal vez esté así mejor.
Veremos lo que dura.