reflexiones al paso por las calles de Miranda
Hoy he visto, reluciente y rejuvenecida, la vieja máquina de tren que antes estaba en el Parque Antonio de Cabezón.
Qué bien le ha sentado la pintura y el cambio de emplazamiento. No sé si hay intención de protegerla de alguna manera, porque así, accesible, es una tentación para los vándalos y un riesgo para los chavales que se intentan subir.
También es cierto que poderla ver tan cerca es un placer y que sólo una jaula de hierro podría protegerla de los "artistas" del spray, así que tal vez esté así mejor.
Veremos lo que dura.
1. Tiene razón en parte. Pero hay que confiar un poco en la juventud. Me da pena que siempre que se instala en Miranda un monumento o escultura o se crea un parque o plaza nueva lo primero que se oye es la frase !A ver lo que dura!. No digo que no tengan razón pero es triste, significa que en Miranda no somos lo suficientemente civilizados o al menos ni nosotros mismos nos lo creemos
2. Es verdad que en demasiadas ocasiones pagan muchos por unos pocos. No es desconfianza de la juventud en general (y habría que ver ese concepto de juventud, que hay vándalos bien talluditos) sino de esos pocos que ensucian tanto, arman tanto ruido y son tan impresentables que nos fastidian a todos los que creemos en el respeto y el civismo.